Estrella Michelin Restaurante LetsBonusDicen que los hermanos pequeños suelen ser más rebeldes que los mayores. En el caso de los hermanos Adrià podría ser el contrario: Ferran, el mayor, ha sido el más gamberro en la cocina y Albert, el menor, el más dulce. Socios y amigos, los hermanos Adrià revolucionaron el concepto de alta cocina, llevando por todo el mundo muchas de sus innovaciones en las técnicas culinarias creadas, en muchos casos, de manera conjunta.

Cuentan que la afición a la repostería de Albert Adrià surge de su alergia al marisco. Quizás no sea una anécdota muy precisa, pero el resultado de su afición a los dulces ha hecho que se alce con el galardón de Mejor Pastelero del Mundo en 2015. Así es Albert Adrià, alguien se ha ganado un nombre propio con un apellido tan difícil de compartir.

Mejor Pastelero del Mundo… ¿Quién no quiere probar las creaciones de alguien quién ostenta este título? Para hacerlo, el mejor lugar es La Dolça (“Dulce” en catalán), una sala anexa al Tickets, el célebre restaurante de los hermanos Adrià, en la que es posible saborear las creaciones dulces del pequeño del tándem de genios.

También hay otra opción, como asistir a la Gran Nit Solidària del Liceu: en esta maravillosa velada Albert Adrià cocinará los postres de los 400 afortunados comensales que subirán al escenario del Liceu para la cena solidaria más especial del año. Puedes descubrirla aquí.

Algunos de sus postres célebres son: yogur de wasabi, granizado de naranja con vermut blanco, turrón de gin-tónic, corte de barquillos rellenos de praliné con helado de turrón,… postres bellísimos con los que inspirarse, como los del siguiente vídeo: quizás no los puedes probar, pero son tan hermosos que incluso puedes imaginar su sabor.

 

A veces los títulos y el número de Estrellas Michelin nos dejan un poco ciegos, y nos impiden ver que no es necesario tanto título cuando lo que importa es el proceso creativo. Así pues, Albert Adrià parece no dejarse deslumbrar por las codiciadas Estrellas y prefiere trabajar y dar a conocer su trabajo, sin distracciones superfluas, como el que trabaja porqué quiere y no para pagar las facturas. Así, sin preocuparse de lo que pensarán los demás, se puede llegar más lejos que el resto, sin lastres que marcan los caminos de las convenciones.

 

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