La exposición se presenta como el viaje hacia el interior de uno mismo. Pero nada que ver con ninguna introspección en lo más profundo de nuestra conciencia. Se trata de vísceras, huesos, órganos, arterias y tendones. Hablamos de la carne, no del espíritu.

Human Bodies demuestra que la ciencia sigue evolucionando no sólo en sus investigaciones sino también en el desarrollo de sus técnicas expositivas. La muestra viene cautivando a millones en todo el mundo y sigue despertando curiosidad entre quienes aún no la visitaron. Todos quieren subir a la cúpula del Centro Comercial Arenas de Barcelona para ver de qué se trata.

Pero si eres un freak del Festival de Cine de Sitges y buscas saciar tu morbo gore, esto no es para ti. No se trata de eso. Toda la visita es una clase científica, muy pedagógica, sobre el funcionamiento de nuestro organismo. La historia de tu cuerpo como la historia de tu vida en un recorrido circular: el principio es con un embrión, el final con el sistema reproductor que lo genera. La dialéctica  óvulo-espermatozoide como prólogo y epílogo de una ruta que pasa por todas las áreas de la biología humana.

El discurso se aleja bastante (y se agradece) de la escolástica académica, lo que la torna más atractiva aún. Aunque no está mal pensar en nuestra época de estudiantes y detenernos en esos segmentos que más nos interesaron por aquel entonces, porque todos teníamos, al menos, una parte de Biología que era nuestra preferida.  Todo se apoya, entonces, en una cuidada selección de datos, comparaciones gráficas, carteles explicativos y, sobre todo, en las grandes estrellas de la exposición: 12 cuerpos completos y más de 150 órganos humanos exhibidos en 8 salas.

Pocas veces la ciencia se arriesgó a tanto para una muestra ni llegó a tantos públicos. Y quizás nunca fue tan lejos al momento de tomar prestados ciertos lenguajes propios del arte plástico. Vemos músculos y tendones reales pintados con colores, cuerpos en movimiento escultural,  técnicas de montaje fotográfico, pulmones y vasos sanguíneos tratados con el procedimiento químico de corrosión y que se asemejan a corales o a ramas de árboles otoñales. Muchas de estas vitrinas podrían decorar el living de tu casa sin atentar contra ninguna norma ética ni estética.

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La técnica que han utilizado los científicos se denomina  plastinación y hace posible la conservación y la exposición al público de cuerpos humanos y de órganos sin que se modifique su aspecto original. Se basa en sustituir el agua de los tejidos por una silicona en condiciones de vacío y congelación.

La presentación de los cuerpos, entonces, mantiene una estética escultórica en movimiento. Vemos el cuerpo de una mujer diseccionada en dos mitades de manera longitudinal,  el de otra en posición de Tai Chi  y el de un hombre en plan deportivo, con los músculos bien marcados y una pelota de fútbol a sus pies. Hay un plus de espectacularidad y de impacto en cada caso. La premisa de sorprender y de nunca aburrir, de generar belleza sin descuidar ni un ápice el objetivo científico. Se habla de la vida a través de una estética vital, pese a que se trate de cadáveres. Ese es quizás el gran logro: que nos olvidemos, por momentos, que caminamos entre carne muerta.

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En la selección de datos, los comisarios han mantenido la misma lógica. Leemos y escuchamos información que no pasa desapercibida, no son más y más datos dentro de un magma asfixiante. Son detalles pensados para que se impriman en el cerebro.

No me olvidaré jamás, por ejemplo, que la célula más grande del cuerpo humano es el óvulo y la más pequeña el espermatozoide, lo que significa que la mínima parte celular de nuestro cuerpo se une con la máxima expresión para crear vida. Tampoco olvidaré que nuestro sistema circulatorio puede compararse con una súper-autopista, porque si pusiéramos en fila, uno al lado del otro, a la totalidad de nuestros vasos sanguíneos, estos alcanzarían los 96 mil kilómetros, el equivalente a 2 vueltas alrededor de la Tierra.

Y cada vez que me meta algo en la boca, en esta nuestra Era de las Paranoias Alimentarias, recordaré que si vivo hasta los 80 años habré consumido alrededor de 27.216 kilos de comida, el equivalente al peso de 6 elefantes.

El mensaje final de Human Bodies es que tenemos que cuidar nuestro cuerpo. Contra la inevitabilidad del nacimiento, el llamado a la voluntad: “El camino de la vida comienza con la unión de dos células, el óvulo y el espermatozoide, que no depende de nuestra elección. El resto del mismo solo depende de ti”.

Vemos dentro de una vitrina los pulmones elásticos y esponjosos de una persona sana y, al lado, los pulmones negros de un fumador. Y tenemos dos opciones: o salimos de la sala y tiramos nuestro paquete de tabaco prometiendo no volver a hacerlo nunca jamás o nos encendemos un cigarrillo disfrutando del humo y de las vistas sobre Plaza España.

O nos dejamos convencer o hacernos como Fry en la serie Futurama, cuando descubre que la bebida que tanto le gusta proviene del culo de una gusana gigante y, no obstante, continúa bebiéndola.

Depende de nosotros, claro. Y lo mejor que tiene nuestra piel es que no nos deja huir.

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