Celestino Cuerda y Nicolás Leo caminaban entre el público ajustando hasta el mínimo detalle. No hay testimonios de nadie que los haya visto quietos durante más de un minuto. Estuvieron siempre alertas, con ojos felinos y cazadores, preocupados porque todo saliera bien.

En el escenario, un extraño atleta con barba postiza y peluca negra animaba a los asistentes. Entre la performance y el stand up, Carles Vicente se cambiaba de vestuario cada vez que le tocaba subir al escenario, bajo la premisa fashion de antes muerto que sencillo”. Fue Forrest Gump en versión runner, un cirujano loco devenido masajista y un cocinero de sushi.

Para calentar los motores, un bahiano enorme de dos metros de altura dirigía la batucada Maracayá. Entre las camisetas amarillas resaltaban los ojos  de Violeta Yuste, su sonrisa y sus cálidos movimientos de percusión. Las paredes herméticas del Almo2Bar retumbaban, parecían a punto de quebrarse para que el local abandonara su arquitectura subterránea y emergiera sobre la plaza Joanic al compás de los tambores.

Foto: Scarlett Gómez

Mientras iba entrando más gente, los chicos de Mössdpa nos tentaban con butifarras asadas  exhibidas en unas cajas que era imposible no comprar. Cada vez más risas, voces y selfies, la atmósfera propia de un after-office pero recargado, porque no sólo descubrimos que nuestros compañeros de trabajo también beben y sueñan y sufren y gozan y salen de fiesta sino que, además, manejan como profesionales el lenguaje de la música. Y como causa fundamental de este doble descubrimiento, la motivación de ayudar a recaudar fondos para la Trailwalker que Oxfam Intermón organiza para el domingo 27 de abril y en la que LetsBonus participará con dos equipos.

Después de la batucada, fue el turno de las cuerdas y las melodías. Alberto Dumall subió primero, destilando rock hasta por los poros, seguido de sus otros dos compañeros con los que forma Los Persuasores. Enseguida nos dimos cuenta de que el nombre del grupo se correspondía con lo que ofrecían musicalmente, pero hay que decir que acabaron de persuadirnos por completo cuando presentaron a Anna Borrás y a Carol Nadal.

Las chicas de Copyland subieron vestidas de negro y con pelucas carré, deslizándose en el escenario como dos tiernas panteras pin-ups. Y el público estalló en aplausos.  Conquistaron nuestros corazones con la sensualidad que pusieron en sus coros para las versiones de Chuck Berry, Bob Dylan, Van Morrison, Tom Petty, Elvis y los Stones. “Like a rolliiiing ssstoooone”, cantaba Alberto, y nuestros brazos se alzaban a modo de plegaria folk.

Anna_Carol_Andrea

Foto: Andrea Illieschi.

Todos creíamos que ya estábamos satisfechos. Pero subió Xavi Castellana al escenario, cargando su bajo y su sabio semblante de viejo lobo. Y la fiesta se puso intensa. Su séquito de hombres ataviados con camisas blancas y corbatas negras, como recién fugados de una oficina, tocaban aferrados a la necesidad de desgarrar sus instrumentos como si no hubiera un mañana. Y ya no quedó nadie sin saltar gracias a Radio Stadium y su impecable set de versiones de Sex Pistols, Ramones, U2, Pixies y Nirvana.

Xavi_Nere

Foto: Nere García.

El toque final lo puso Nicolás Leo, que finalmente logró estar quieto detrás de su set de trabajo para su rol de DJdemoda. Con su mix de música indie y electrónica, el hijo pródigo de Altafulla fue el comandante total del cierre de la jornada, con una selección de erudito tanto de la música como del manejo del público.

Nico_Nere

Foto: Nere García.

Nos hizo bailar y beber un poco más, porque todavía quedaban energías y ganas de pasarlo bien en una noche que hasta tuvo subasta de entradas para el Zoo de Barcelona, los Cines Filmax y el Teatreneu. Y que sirvió no sólo para desvelar el secreto de esa doble vida musical que llevan las personas que se sientan a nuestro lado sino también para hacer un aporte a que las cartas del mundo se repartan con un poco más de justicia.

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