Así se llama uno de los cuentos más famosos de Jorge Luis Borges. En él, un astrólogo chino se propone un doble trabajo: construir el laberinto más complejo del mundo y escribir una novela interminable que se titula como el cuento. Al final del relato, se descubre que todo se trataba de una misma tarea: el laberinto es el libro, el jardín es la imagen inconclusa del universo.

El arte se hermana con la complejidad y lo inabarcable de un trazado de senderos que se bifurcan. Como cuando un director de ópera ordena las texturas de más de 70 instrumentos que suenan en medio de un bosque.

Hay un cuarteto de cuerdas montado sobre una glorieta. La gente pasea, observa y se detiene con sus copas de cava y sus bocadillos de queso, nuez y manzana verde en panes de centeno.  Los acomodadores visten camisa blanca, pantalones negros y tirantes rojos. Hay sillones y sillas y mesas sobre el césped, todo enfundado en telas blancas. Hay trajes y vestidos largos, gafas oscuras, puros pequeños aromáticos, olor a hierba húmeda y frescor del cambio de aire que prescribe la noche. El clima es de agasajo palaciego.

El Festival Jardins del Palau Reial de Pedralbes inician el segundo año consecutivo de su ciclo de conciertos en el que participarán, entre otros, Kevin Costner, Paul Anka y Jethro Tull. Hoy es el turno de Zubin Mehta y la Orquesta del Maggio Musicale Florentino.

roger hodgson

Entre palmeras, cipreses, pinos, bambúes, eucaliptos, cedros y tilos siguen pasando cosas. Los hermanos Javier y Sergio Torres preparan un menú especial de una estrella Michelín. Algunos posan para la foto delante de la fuente de Hércules, construida por un Gaudí inspirado en esa leyenda sobre la fundación de Barcelona que dice que el titán guió a los argonautas a las costas barcelonesas y los ayudó a construir los cimientos de la nueva ciudad.

El escenario principal está montado a los pies de las columnas toscanas y los arcos de medio punto del palacio. Las luces proyectadas sobre la fachada convierten la pintura amarilla en anaranjada, que luego se tornará azul y que acabará en violeta. Los músicos empiezan a colmar el escenario, toman posición, acomodan sus partituras y se preparan para recibir al maestro.

Zubin Mehta es la gran celebrity de la música clásica. Porque en este ambiente también existe el Canon y este director extrovertido y exuberante se lleva el primer puesto desde hace muchos años. La mayoría de los expertos coinciden en que el indio, nacido en Bombay en 1936, es el mejor. Ha dirigido a todas las orquestas más importantes del mundo, en todos los continentes. Y no ha escatimado en colaboraciones: su escala va desde los teatros más clásicos del mundo hasta su trabajo en óperas con La Fura dels Baus.

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La primera pieza que suena es la Obertura de La Fuerza del Destino de Verdi, una ópera  escrita por el compositor italiano durante su estancia en San Petersburgo. Fue estrenada allí en 1862, momento en el que la ciudad de los zares quería ser la Venecia del Este europeo y abría canales, construía palacetes barrocos e invitaba ser parte de semejante aventura a los arquitectos, escultores y músicos italianos de moda.

Le siguen dos sinfonías de Beethoven. La guerrera Sinfonía Número 7 en La Mayor, Opus 92, estrenada en Viena en 1813 en homenaje a los soldados caídos de la batalla de Hanau (una de las tantas derrotas que empezaron a derrumbar a Napoleón). Y la épica Número 6 en Fa Mayor, Pastoral, opus 68 dedicada a la vida campestre, con los instrumentos emulando sonidos del viento y del agua y de los trabajos rurales.

Cuesta entender que un solo ser humano, llámese Verdi o Beethoven, y no alguna especie extravagante de semidiós, haya creado semejantes dispositivos musicales. Y que el director logre armonizar toda esa magnitud sin partitura, moviéndose como en una danza marítima con su vara de madera, como si estuviese beneficiado con algún tipo de código sagrado que debe traducirnos a todos los asistentes. Como si en vez de director, Zubin Mehta fuese un médium.

Nos envuelve por completo la complejidad y lo inabarcable del jardín de los senderos que se bifurcan en notas musicales. La primavera barcelonesa se transforma en un cuento que Borges podría haber escrito.

 

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